Entrenando la Inteligencia Emocional

Vivimos en un mundo de constante cambio y pasamos por él a una velocidad vertiginosa, este fin de semana hemos tenido la posibilidad de pararnos a pensar. La sociedad va cambiando y tenemos que estar preparados para coger a diario trenes con diversos destinos. Este viaje no lo hacemos solos sino en común con nuestro alumnado.

La incertidumbre y la volatilidad en la que estamos hace que un mero cambio de metodología en nuestras aulas no sea suficiente, el alumno tiene que ser protagonista de su propio aprendizaje y para ello tenemos que trabajar su responsabilidad y su autonomía, atendiendo las diversas motivaciones.

El éxito del aprendizaje del alumnado está en educarles en la inteligencia emocional, de ahí la necesidad de realizar este curso en torno a habilidades emocionales. Las expectativas que pongamos en ell@s, la retroalimentación positiva, el aprendizaje autónomo, los espacios que propicien el descubrimiento, la creatividad y el aprendizaje social, son puntos clave para dicho éxito. Es importante hacerlo en un clima socio-educativo cálido, donde el error se valore, de esta manera el alumnado se sentirá comprendido y tendrá mayor confianza en el profesorado.

Hemos aprendido que para el aprendizaje necesitamos un nivel de atención II, tenemos que tener una atención más consciente, ir más allá de lo evidente. Además, es importante identificar nuestras emociones y entrenar a nuestro/as alumno/as a identificarlas, para poder dar mejores respuestas ante posibles situaciones que surgen en el día a día. Hay que entrenar en la empatía, la asertividad y la resolución de conflictos.

Todo esto nos ayuda a crecer y mejorar como personas y favorece las relaciones personales; la relación profesor-alumno, con nuestra familia y en los diferentes entornos en los que vivimos.

Me quedo con “Todo aquello que entrenamos, lo podemos cambiar”.

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